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martes, 8 de marzo de 2016

LAS MUJERES


Hoy en el día de la Mujer, y sin intención de victimizarnos, comparto la siguiente reflexión tomada de algunas notas sueltas que he escrito por allí:
Indudablemente, hay una deuda histórica de la humanidad con las mujeres:
  •  Hemos sido ofrecidas como sacrificio; nos han tomado como botines de guerra
  • ·        Nos han tratado como seres de inferioridad intelectual, moral, física. Recordemos que los reyes (y algunos que no lo eran) preferían  (o prefieren) tener hijos hombres antes que mujeres.
  • ·        Hemos sido infantilizadas, tratadas muchas veces al mismo nivel de los niños; si no, investiguemos cuántas mujeres han sido golpeadas o castigadas por los hombres de formas similares a las que lo hacen con sus hijos. Azotar a “sus” mujeres fue en un tiempo, incluso un legítimo derecho del hombre: el hombre como dueño y señor de su esposa.
  • ·        Nos ha sido negado, en muchas épocas, el derecho a elegir marido.

A veces por convicción, otras veces por el gran poder que ejerce la costumbre sobre el ser humano, se siguen presentando prácticas similares y muchos lo encuentran “normal”. Sin embargo, no podemos desconocer los progresos que hemos vivido frente a este tema; en especial podemos hablar de un progreso del sentimiento frente la situación, aunque no necesariamente aún con la consecuente actuación, pero el hecho de que el mal, aunque practicado, ya no sea tan proclamado nos habla de avances importantes para nuestra sociedad.
Con todo esto, la búsqueda de la mujer debe encaminarse, entre otras cosas, a la libertad del pensamiento, y es allí donde considero que aún estamos, en deuda con nosotras mismas.  Para que exista esta libertad es necesario que nutramos nuestra mente con experiencias, con lecturas, con estudio, con proyecto de vida. ¡Que nuestra fuerza interior y nuestras virtudes sean enriquecidas con la razón!
No se trata de que las mujeres busquemos lugar fuera de nuestros hogares o nuestros roles actuales, creo que no es ese necesariamente el camino. Se trata más bien de buscar, gestar y tener opciones, de tomar decisiones, y principalmente de no dejarnos acorralar por la idea establecida de que nuestro destino está escrito.

miércoles, 6 de mayo de 2015

A PROPÓSITO DEL DÍA O MES DE LAS MADRES

A PROPÓSITO DEL DÍA O MES DE LAS MADRES


A nuestras madres les debemos entre  otras cosas, la oportunidad de haber sobrevivido, ellas tuvieron la difícil y a veces dolorosa, tarea de cuidarnos  y muchas veces, al mismo tiempo, de proveer lo necesario para superar el día a día.

Acabo de recordar, que a alguien le dije hace mucho tiempo, cuando me preguntó quién era yo, que yo era una “sobreviviente”, y lo dije pensando en esa misión que cumplió mi mamá, al tener el coraje de enfrentarse, provista de tan pocas herramientas, a la dura realidad de mantener hijos propios y de otra; y más allá de esto, de “entrenarnos” para la vida, y llenarnos de confianza, para que la nuestra no fuera una repetición de la suya; porque crecer como crecimos, fue sobrevivir.

Y en ese actuar, mi mamá, me dejó la herencia más preciada, que agradezco y celebro tanto: descubrir el valor de ser mujer.

Hoy que soy mamá, y de una niña que no es lo mismo, y que puedo “confesar que he sobrevivido”, me cuestiono si al igual que mi madre, tengo y estoy haciendo mi tarea; sobre lo que debo enseñarle a mi hija desde mi cotidianidad.

Me pregunto entonces, como madre y mujer:

Si le enseño a mi hija a usar tacones o le enseño a usar sus pies para correr libre, saltar y bailar, ahora de manera literal, y más adelante para hacerlo por sus sueños.

Si le enseño a maquillarse o le enseño a no usar máscaras y a defender lo que es, porque lo que es, es suficiente.

Si le enseño a llenar sus manos de pulseras, que combinen con collares y carteras o le enseño que sus brazos son como alas que puede usar para volar a donde quiera, y que la fuerza y la ternura suponen una magnífica combinación.

Si le enseño a mirarse y repararse una y mil veces en un espejo, o le enseño a mirarse a sí misma y al Creador en los ojos de los demás.

Mi reto es grande, [y tal vez el de una nueva generación de madres], ya mi mamá me enseñó a sobrevivir, ahora me toca enseñar a mi hija a ser una mujer para vivir.